I. INTRODUCCION


Se ha hecho evidente en la actualidad que las características que presenta la sociedad contemporánea relativas a la interdependencia de los países en el plano del comercio, de bienes y servicios, las comunicaciones, las finanzas, la política y la cultura en general se derivan de una nueva fase del desarrollo tecnológico en la que el conocimiento se ha convertido en el factor de producción esencial.

Tal hecho ha determinado transformaciones radicales en las estructuras y la gestión productiva de las economías desarrolladas, observándose que las innovaciones científico- técnicas de los últimos años están cambiando drásticamente la composición de la oferta y la demanda en los mercados mundiales, así como la importancia relativa de los factores productivos.

En cuanto a los países en desarrollo tal situación impone, dada la exposición abierta de sus economías al mercado internacional y a la fuerte competencia que enfrentan sus productos, a tensar sus esfuerzos para alcanzar altos niveles de productividad y de competitividad, que no pueden seguir basándose sólo en la explotación de sus recursos naturales y de mano de obra barata. Por el contrario, la nueva situación determina poner el énfasis en la creación de sistemas de producción dinámicos y flexibles, por cuanto los ciclos de competencia tecnológica, de progreso y declinación de los procesos productivos, se reducen con rapidez, generando mayor dinamismo, pero también mayor inestabilidad.

Tal dinamismo y flexibilidad, como requisitos para elevar y sostener la participación en las relaciones económicas internacionales, son posibles a condición de incorporar el progreso técnico y mantener un proceso sostenido de innovación tecnológica. Para lograr este objetivo es a su vez condición sine qua non contar con recursos humanos portadores, en todos los niveles organizacionales, de una base cognitiva que les permita no sólo aplicar recursos técnicos puntuales, sino de convertirlos en sujetos del desarrollo tecnológico de procesos, productos y gestión.

Por otra parte, las exigencias actuales a las economías nacionales plantean la cuestión de ir cerrando las brechas tecnológicas entre los diversos sectores económicos con el fin de elevar la productividad media y lograr un proceso sostenido de competitividad en base de calidad y menores costos.

De ello se deriva la necesidad de contar con políticas que promuevan la interconexión de los subsistemas educativos, incluyendo sus niveles de capacitación y ciencia y tecnología y de todos ellos con el sector productivo. Al mismo tiempo, se requiere aplicar en los enfoques metodológicos educacionales, nuevos criterios de formación del recurso humano con el fin de crear las competencias adecuadas a los nuevos métodos de produccción y de organización del trabajo que tienen como rasgos principales, entre otros, la flexibilidad operacional y la búsqueda de la calidad total.

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