V.1.3. La capacitación para el trabajo en el área agropecuaria y agro-industrial.
Las fuertes transformaciones
experimentadas por el agro chileno han afectado no sólo los parámetros tecnológicos de
la agricultura, sino que también han dado origen a nuevos procesos socioeconómicos en el
ámbito rural. Uno de ellos se refiere a cambios en los requerimientos a la calidad de la
fuerza laboral.
Dos son los procesos que mayor impacto tienen sobre la Población Económicamente Activa
en el ámbito rural: la intensificación de la agricultura y la fuerte vinculación de la
producción agropecuaria chilena al mercado internacional que impone una amplia
diversificación en los rubros y altas exigencias de calidad de los productos.
Estos procesos acarrean también la ampliación de las oportunidades de empleo en nuevas
labores a que da origen la introducción de nuevos cultivos y tecnologías, pero con
mayores exigencias de preparación técnica para los recursos humanos. Es interesante
consignar que en este ámbito participan también recursos laborales urbanos. Un estudio
de PREALC mostraba que en Chile la PEA urbana agrícola tiende a elevarse, mientras
disminuye la PEA rural agrícola (Klein E. PREALC, 1992).
Esta necesidad de mayor calificación se observa no sólo en las labores propiamente
agrícolas, sino también en especialidades que atienden a los diversos servicios a la
producción agropecuaria y agro-industrial.
Los estudios sobre la demanda potencial de capacitación en la agricultura y la
agroindustria son aún pocos y fragmentarios pero dan indicaciones sobre una fuerte brecha
entre las necesidades y la cobertura y calidad con que aquella se está implementando.
En un muestreo reciente en el territorio Melipilla Talagante, ( donde ha habido
incrementos de hasta 250% en las áreas de hortalizas, flores y frutales en los últimos
10 años) se encontró que las empresas, independientemente de su localización y tamaño,
subcontratan servicios, además mayormente a empresas pequeñas. Los empresarios
agrícolas consideraron en la muestra que es en ese campo donde se requieren muchos
programas de capacitación porque en general las entidades que ofrecen estos servicios (
de Metalmecánica, eléctricos, mecánicos etc.) presentan problemas de gestión, de
calidad y de seguridad en el trabajo (SENCE-SUR,1998).
Por otra parte, entre los agricultores se encontró consenso en innovar e introducir
nuevos cultivos y tecnologías, sin embargo, han tropezado con escasez de mano de obra
capacitada para esas labores en la zona, debiendo muchas veces contratarla de otras
regiones, con la consiguiente elevación de los costos.
Sobre todo, los agricultores innovadores resienten la falta de capacitación en técnicas
de post-cosecha.
En un estudio sobre la producción hortofrutícola de exportación del Valle de
Aconcagua se detectó un profundo déficit de mano de obra calificada para enfrentar las
demandas de modernización e innovación tecnológica en la producción de uva de mesa de
exportación, asimismo de la agroindustria. Igualmente existe un déficit en servicios de
hotelería, restaurantes, turismo y construcción habitacional, sectores que en la zona
tienden a expandirse como efecto de un mercado diversificado (Falabella G., Mercado M.,
1996).
Se constata que la agrofruticultura, a pesar de ser el 41% de la fuerza de trabajo en San
Felipe y 25% en Los Andes y de mayor aporte al producto zonal, representa menos del 10% de
su capacitación. En opinión de los productores, la ausencia casi total de educación
para el trabajo ha sido un fenómeno recurrente. Eso ha incidido en el descuido de las
plantaciones (parronales) y en falta de innovación tecnológica. Como consecuencia de
ello, en baja rentabilidad de los predios.
Diversos estudios sobre la vinculación entre el nivel de capacidades de la fuerza laboral
adquiridas en el sistema educacional y la eficiencia de la capacitación indican la
necesidad de acometer el desafío que implica la difusión del conocimiento tecnológico
de una manera integral y en base a una estrategia de Estado. Ello se vuelve
particularmente relevante tratándose de la agricultura y la agroindustria, por cuanto son
estas las actividades que se han perfilado como centrales en el modelo de desarrollo
actual del país; porque en estos sectores la capacidad del recurso humano para tomar
determinaciones flexibles, acotadas a la situación actual o prevista de la producción es
crucial ya que se trabaja con una combinación de sistemas de distinta índole:
biológicos, climáticos, económicos, sociales y espaciales. Además, el sector
agropecuario y rural constituye el más postergado en términos de atención educativa de
calidad y en general de condiciones de vida adecuadas a los requerimientos de los recursos
laborales.
Entretanto, se ha establecido que el éxito de la capacitación está estrechamente
relacionado con determinantes como la escolaridad de los trabajadores y el nivel de
desarrollo y calidad de las habilidades básicas, fundamento para el desarrollo
tecnológico endógeno. También que la efectividad, los costos y el impacto de la
capacitación para el trabajo esta asociada con el nivel educativo de los trabajadores
(Labarca, 1998).
Por ello resulta interesante conocer los indicadores relativos a los niveles educacionales
en el sector agropecuario.
V.1.3.1. Niveles educacionales en el sector agropecuario.
A nivel país, según el Censo
Agropecuario de 1997, la educación básica incompleta en estesector alcanza un valor de
53% respecto al total informado de trabajadores.
Para la educación media incompleta este valor es bastante menor 5,9%. Sin embargo, de los
trabajadores que ingresaron a la educación media, solo un 56% terminó este grado.
Con respecto a la formación técnica profesional, el 83% de los trabajadores que
ingresaron a este nivel, terminaron su educación.
Los trabajadores que no tienen educación, en este sector es de un 11,7%.
Si sumamos los niveles educacionales incompletos de educación básica, educación media y
educación técnica, con los grupos sin educación se llega a un valor de 71% de todos los
trabajadores de este sector.
Para la educación superior, las cifras son mejores, ya que sólo el 16,8% de los que
ingresaron a este nivel no lo terminaron.
En el rango de predios de hasta 20 Has. los trabajadores que no tienen educación alcanzan
el 65%. En este mismo rango de explotaciones el 77% cuenta con educación básica
incompleta, 69% y 64% con educación media y técnica incompleta respectivamente.
En cuanto a los rangos etarios, información relevante para prever la eficacia de la
capacitación, las cifras arrojan lo siguiente: a nivel nacional un 25% de los
trabajadores del sector agropecuario es menor de 45 años. Entre 45 y 55 alcanzan un 23% y
mayores de 55 años, un 52%.
En el segmento de predios con superficie de hasta 20 Has., 78% de los trabajadores tiene
hasta 45 años de edad. Los que cuentan con mas de 55 años alcanzan 71%.
Si se toma los 55 años como edad máxima a la cual el trabajador tiene interés en
capacitarse y está en condiciones de hacerlo, se puede deducir que el universo que
compone el mercado potencial de capacitación en este sector es de 140 000 personas
menores de esa edad.
Ello está indicando también un amplio campo de investigación para conocer, entre otras
cosas, quién en los predios donde se requiere difundir el conocimiento tecnológico toma
las decisiones, con el fin de elaborar estrategias y programas acotados a las
peculiaridades socioeconómicas del agro.
V.1.3.2. Algunos problemas de la capacitación en el sector agropecuario y agro-industrial.
La situación de la capacitación
dirigida al sector agropecuario y agroindustrial se puede sintetizar en los siguientes
puntos:(5)
1- En relación al sector de pequeños y medianos productores no existe una estrategia
nacional que les permita insertarse de manera efectiva en el desarrollo tecnológico. La
capacitación impartida en la actualidad es desordenada y esporádica. No responde a un
conocimiento basado en estudios sobre productos y tecnologías que desde el sector
público oriente la actividad en este estrato de agricultores y la capacitación técnica
y gerencial de las instituciones adecuadas hacia el mismo. En la actualidad, la oferta de
capacitación de INDAP, por ejemplo, se basa en las demandas puntuales de los
agricultores. Sin embargo, la intención productiva de éstos se fundamenta muchas veces
en la intuición o sus tradiciones, en una información distorsionada o incompleta sobre
la demanda del mercado. Por estas razones, se pierde una orientación esencial que
debería tener la capacitación, cual es la creación de una cultura en que la innovación
tecnológica y el progreso técnico se consideren factores decisivos para el éxito de las
empresas.
La experiencia práctica en este ámbito indica que al sector de pequeños y medianos
productores no se puede exigir su inserción al mercado mientras no cuente, además de
otros factores como crédito, de información actualizada sobre los cultivos y
tecnologías que está demandando el mercado y de capacitación sobre esos temas. Ahora
bien, este segmento de productores no está en condiciones de acceder a esa información,
a menos que se creen instancias adecuadas en manos de especialistas en el nivel de la
economía local (la búsqueda, manejo y puesta en práctica de la información también es
una especialidad) que orienten, en coordinación con INDAP, FOSIS, SERCOTEC o/y otros a
estos agricultores. Un ejemplo de ello puede ser la iniciativa que se está consolidando
en estos momentos en Talagante orientada a formar un centro de negocios para pequeños y
medianos productores en cuya organización están participando las entidades mencionadas,
junto con la gobernación.
2- Otra situación asociada a lo dicho anteriormente se refiere a que existe una brecha
entre la oferta y la demanda en términos espaciales, es decir la oferta se concentra en
determinadas zonas. Ello está vinculado a la presión que pueden ejercer las
organizaciones sociales, ONGS o gremios de un determinado territorio en desmedro de otras
zonas que no pueden ejercerla. En estos casos se hace evidente la ausencia de
organizaciones sociales de los productores, empresarios, operarios o una fuerte
desvinculación entre éstas y las instituciones de gobierno local (Municipios o
Gobernaciones), ONGS y otras. Ello puede ser una causa también de que la oferta de
capacitación se concentre en los segmentos administrativos. Así, en un informe de SENCE
de 1995 se constataba que el 37 % de los trabajadores capacitados, lo habían hecho en
administración contra el 1.4% en agricultura y el 2.4% en tecnología y procesos
industriales (CEPAL/GTZ,1997).
La falta de una coordinación
orientada al desarrollo local se traduce en particular, en el plano de la capacitación,
en el desaprovechamiento y perversión de articulaciones progresistas entre productores y
agroindustrias. Es elocuente sobre ello lo detectado en la zona hortofrutícola de
Rancagua (Falabella G. Mercado M.,1996) y que se puede sintetizar como un círculo vicioso
en que la falta de desarrollo de los agricultores no les permite asumir la capacitación
como una inversión para mejorar su negocio y no la demandan. Ellos no están en
condiciones de convertirse en sujetos del desarrollo tecnológico de sus predios. Las
agroindustrias, entonces, toman en sus manos el control de las explotaciones en
condiciones asimétricas desfavorables a los agricultores. Estos se descapitalizan
gradualmente, hasta que se ven en la obligación de vender sus parcelas.
Es evidente que en ello influyen otros factores, (falta de crédito, ausencia de
legislación adecuada etc.), pero la situación inerme del productor, por desconocimiento
de cuestiones técnicas, de gestión y manejo de transacciones lo convierte en un ente
manejable por otros. En relación a la situación descrita es oportuno recordar que
"Las políticas de formación no pueden suplantar las deficiencias crediticias, pero
si pueden mejorar la rentabilidad del capital existente, aumentar el rendimiento de nuevas
inversiones y finalmente crear un ambiente propicio a las innovaciones
endógenas."(Labarca, 1998).
3- La oferta de capacitación no
considera la heterogeneidad en la preparación de los beneficiarios y no está organizada
en forma escalonada y sistemática. Se debería dar mayor importancia a aquellos programas
de capacitación que tienen varios niveles, que son escalonados atendiendo al incremento
en su complejidad, a través de los cuales van pasando los mismos grupos.
La práctica de la capacitación indica que el segmento de agricultores que nunca la
ha recibido requiere comenzar con un aprendizaje para motivarlo hacia el desarrollo, que
lo saque de la inercia. Posteriormente, cuando se imparten temas de mayor nivel, el
beneficiario ya está abierto al aprendizaje, porque ha adquirido seguridad en su
capacidad de aprender. La mayoría de veces se trata de personas en plena edad laboral,
pero que han dejado de estudiar durante muchos años y no han terminado la enseñanza
media.
Las entidades de capacitación han encontrado en la práctica, que pasado un curso a
agricultores, en principio reacios a la actividad, y después de internalizar conceptos de
gestión que pueden aplicar de inmediato, se han entusiasmado por pasar a mayores niveles
de entrenamiento. Se ha observado que tanto en empresas agrícolas como urbanas, la
sistematización, durante el curso, de la experiencia diaria de los educados, ha
convertido a ésta en conocimiento que aquellos pueden aprovechar como base para innovar.
Contra el sostenimiento de este proceso conspira, sin embargo, la reglamentación de que
sólo se pueden impartir 40 horas al año a un mismo grupo (FOSIS), con lo que se pierde
la continuidad.
Por otra parte, el sistema de capacitación está concebido de tal manera que provoca la
exclusión de grandes sectores. Así, por ejemplo CENSE para ofrecer el servicio exige al
microempresario tener iniciación de actividades desde 18 meses previos a la
capacitación, lo que excluye a gran parte de los eventuales beneficiarios. Así sucede
que los fondos muchas veces no se utilizan plenamente durante el año.
4- Existen fallas notorias en la gestión de
la introducción de progreso técnico. Ello no sólo se relaciona con la posibilidad de
acceder y tener información sobre la tecnología, sino también se refiere a una actitud,
a una cultura tecnológica que no se ha desarrollado en el país, a formar en amplios
sectores de productores para que se cumpla el requisito de masificar la introducción de
tecnología. En la creación de esa cultura, además de la capacitación, pueden jugar un
gran papel la formación de peritos y técnicos que tengan la posibilidad de insertarse en
el campo laboral correspondiente adonde llevar los conocimientos nuevos. Ellos serían un
factor importante para cambiar la sicología conservadora.
5- Está haciendo falta una política o programa de Estado con el fin de que los peritos y
técnicos medios se inserten en el campo para el cual han estudiado, por ejemplo,
apoyándolos en la formación de microempresas de servicios o producción. Asimismo, hace
falta una legislación orientada a que las empresas utilicen a personal calificado de
nivel medio.
Nota:
(5) En base de entrevistas a profesionales de
Consultora Sur, oficina Talagante y experiencia en capacitación de la autora a
microempresarios urbanos y rurales agrícolas y no agrícolas.