V.1.2. La educación en los centros de formación técnica. (4)
Hasta 1981, año en que se dicta la
ley que crea los Centros de Formación Técnica, la preparación de cuadros técnicos
intermedios estaba en manos de tres tipos diferentes de instituciones: las universidades,
las academias e institutos privados y algunos centros de capacitación laboral.
A comienzos de los años70, en las universidades se creó una serie de carreras técnicas
nuevas, de dos o tres años de duración, como parte de los programas de formación y
capacitación de trabajadores que éstas desarrollaban. A través de ellas se buscaba una
mayor coordinación entre la enseñanza técnica profesional de nivel medio y la
educación superior, de modo que algunos de los egresados de la primera continuaran
estudios superiores (UTE, Federico Santa María, Universidad de Chile). Estas entidades
crean institutos tecnológicos superiores y politécnicos que ofrecían carreras técnicas
post-secundarias. Los curricula habían sido diseñados de preferencia para servir a los
sectores productivos, algunos para los servicios.
Las reformas estructurales del sistema educacional de 1981 obedecen a la concepción
de que la oferta de recursos humanos ha estado distorsionada, por cuanto la oferta de
personal de nivel intermedio habría sido tradicionalmente insuficiente para satisfacer
las necesidades del crecimiento económico. El técnico medio debería ser el
intermediario entre el trabajador calificado y el profesional de nivel superior. Sin
embargo, en la práctica, la mayoría de las carreras ofrecidas por los CFT privilegian el
sector terciario, pero éstas no reflejan en debida forma las que surgen de la división
social y técnica del trabajo en ese sector.
El proyecto educativo que se pretendió instaurar en 1981 contemplaba la
estructuración de un sistema de educación superior con tres niveles de formación: las
universidades, los institutos profesionales y los centros de formación técnica, llamados
a configurar un sistema integrado orgánicamente, con una escala de calificaciones,
salidas laterales y certificaciones.
Sin embargo, se ha dado lugar a un sistema rígidamente segmentado, sin una efectiva
integración entre los diversos niveles académicos, lo que torna muy difícil el
desplazamiento de los alumnos desde una modalidad de estudio a otra.
Se analiza como uno de los factores de esa imposibilidad de desplazamiento la ausencia de
un sistema de certificación y supervisión de carreras e instituciones. Se observa una
gran diversidad de niveles y contenidos curriculares al interior de cada carrera, lo que
hace imposible la homologación y convalidación de estudios necesaria para asegurar a los
estudiantes el acceso al nivel siguiente de formación dificultando incluso el
desplazamiento horizontal de éstos entre los diferentes CFT.
El sistema de CFT se halla desintegrado no sólo de los demás niveles e instituciones de
educación superior, sino también de la enseñanza técnico-profesional de nivel medio.
No existe coordinación curricular entre ambas modalidades en los casos en que ambas
ofrecen las mismas especialidades, lo que da lugar a una superposición de contenidos y a
veces a la duplicación de los títulos otorgados por ambos sistemas. INACAP es
prácticamente la única institución que ofrece especialidades orientadas hacia los
sectores productivos, que son las que plantean mayores exigencias en términos de
infraestructura y recursos materiales.
Pocas veces el diseño de los planes y programas de estudio se funda en un análisis serio
del tipo de profesional que demanda el mercado laboral y el estado de la tecnología. La
selección de los contenidos programáticos es realizada de manera muchas veces intuitiva
por el personal directivo. En cuanto a la calidad de la instrucción, su rasgo esencial es
la sobreespecialización ocupacional de los contenidos. Se pone un excesivo énfasis en la
transmisión de conocimientos práctico-instrumentales, destinados a desarrollar
habilidades y destrezas muy específicas, en desmedro de una formación científica y
técnica más amplia. Tampoco entrega al alumno los conocimientos teóricos y
metodológicos necesarios para proseguir estudios superiores. Asimismo, los métodos
pedagógicos predominantes tienen un carácter escolar. Una formación de ese tipo
conspira contra el desarrollo de aptitudes polivalentes y flexibles que permitan la
continua adaptación del futuro profesional a las rápidas y permanentes innovaciones
tecnológicas, sometiéndolo así al peligro de una rápida obsolescencia de sus
calificaciones.
La posibilidad de optar a un empleo acorde al certificado obtenido depende del plantel que
lo extendió. El problema es atribuible en buena medida a la ausencia de sistemas
uniformes de acreditación y supervisión de carreras e instituciones.
El funcionamiento libre y competitivo del mercado no se ha revelado como un mecanismo
capaz de regular eficientemente ni el volumen, ni la composición, ni la calidad de la
oferta educacional del CFT. El supuesto de que la abolición de las interferencias
estatales permitiría alcanzar un mercado educacional homogéneo, fluido y transparente
que adecuaría la oferta a las demandas de personal técnico y promovería
espontáneamente la calidad con la instrucción, se reveló infundado. La mayor parte de
las carreras ofrecidas por los CFT apuntan hacia mercados ocupacionales saturados.
Por otro lado, el libre mercado educacional no ha estimulado el desarrollo de
especialidades que, pese a ser convenientes para el país, no son un buen negocio privado.
Es la mayor parte de las carreras orientadas a las actividades productivas, por su alto
costo de implementación. La formación de técnicos medios para las áreas productivas
requiere de fuerte infraestructura y los CFT se han sobresaturado en especialidades de
servicios porque son en general pequeñas empresas que no pueden hacer una fuerte
inversión.
Con la creación de CFT no se ha logrado promover una mayor igualdad en la distribución y
acceso a la educación superior entre los diversos sectores sociales ni ofrecer nuevas
oportunidades de movilidad ocupacional y ascenso social.
Por otra parte, los alumnos de estas instituciones se convierten en clientela cautiva
porque no se pueden desplazar fluidamente entre institutos de diferente calidad y costos y
por eso se anula la necesidad real de competencia. En la generación de este problema es
crucial la falta de sistemas adecuados de acreditación académica y en consecuencia de
homologación de las materias cursadas.
Nota:
(4) Tomado de: Educación técnica post-secundaria y mercados
de trabajo en Chile: la experiencia de los centros de formación técnica. Vergara P.
Rodríguez T. Estudios Sociales num.48, 1986.